VIGENCIA HISTORICA DEL DOCTOR
DON ALBERTO HURTADO ABADIAS
(1901 – 1983)

Los últimos tiempos en la vida del doctor Alberto Hurtado, fueron la demostración mas noble de la medida en la cual amó todo lo que hizo a lo largo de su mejores años. En las postrimerías de su vida, ignorando su quebrantada salud y resistencia física, visitaba regularmente el Instituto de Investigaciones de Altura, espacio que almacenaba el fruto de sus esfuerzos en investigación en la fisiología humana a grandes altitudes y su tesonera dedicación a la formación de nuevos investigadores.

Algunos años antes había sido Rector de la Universidad Cayetano Heredia; pero este cargo que podría representar para muchos el pináculo de una carrera docente, no fue para el otra cosa que la aceptación de una misión histórica, que asumió con estoicismo y valentía a pedido de los profesores. En aquella época, dadas las limitaciones por las cuales atravesaba la universidad recién fundada, era mas un acto de heroísmo y sacrificio, que la conquista de una posición ambicionada Pero por este acto de desprendimiento, no dejo de recibir en mas de una oportunidad, muestras de ingratitud que supo comprender y tolerar, a pesar de la firmeza de sus convicciones.

Para el doctor Hurtado, muy pocos cargos en este país podían haber sido de interés personal desde que, habiéndose formado como médico en Harvard, e iniciado con éxito una carrera de médico e investigador en ese USA, había tomado la decisión personal de volver al nuestro, para hacer investigación de alto nivel en condiciones de limitación extrema.

Tan es así que a su regreso al Perú, fiel a su vocación de investigador, aceptó una posición de médico militar, para poder realizar sus primeros estudios de fisiología respiratoria en la altura. Para ello debió viajar llevando sus instrumentos de investigación a lomo de mula, hasta las alturas del altiplano; a parajes los cuales aún en nuestros días causan pánico a oficiales de nuestro ejercito. En aquellos tiempos publicó su trabajo Estudios del Soldado Peruano, en los primeros números de la Revista de la Sanidad Militar que el contribuyo a crear.

Si bien la historia de la humanidad ha sido construida por multitudes anónimas, dentro de ellas, muy pocos hombres han logrado que sus nombres sobrevivan al olvido del tiempo. En contados casos, dada la trascendencia del rol histórico de algunos personajes, el tiempo no solo perenniza sus nombres; también los convierte en leyenda.

Al conmemorarse el centenario del nacimiento del doctor Alberto Hurtado, su nombre empieza a ocupar el lugar que la historia ha reservado para el. Pero habrán de pasar 100 años mas, y tal vez otro tanto igual, para que quienes no tuvieron, como nosotros, la fortuna de conocerlo, estudien sus hechos, sus aportes y su esfuerzo y digan sobre el, aquello que nosotros alcanzamos a comprender crepuscularmente.

A pesar de ello, en gratitud al legado que nos dejara, es pertinente hacer ahora el esfuerzo de resaltar aquello que lo distingue de aquella anónima multitud, que unió sus esfuerzos a su visión de líder histórico de la medicina contemporánea.

La vida de don Alberto Hurtado tiene un derrotero muy rico en producción científica, educativa y social, sobre el cual existen innumerables documentos en la literatura científica nacional y mundial. De igual manera, su biografía está llena de facetas para muchos aún desconocidas y probablemente ocultas, hasta que la investigación acuciosa de ella las muestren a la luz. Cada uno de sus roles, como los de educador, investigador, líder universitario, político o médico, ocuparían todo un capítulo de su biografía, por la riqueza de sus experiencias y por el ejemplo y valor que tienen en la medicina de hoy.

Sin embargo, no es lo meritorio de sus éxitos lo cual lo convierte ya, a los cien años de su nacimiento y veintiocho de su fallecimiento, en personaje histórico. Sorprendentemente, aquello que hace su aporte equiparable a la de personajes como Alexander von Humbolt, Antonio Raymondi, Cayetano Heredia o Daniel Alcides Carrión, es aquel matiz de renuncia que tiñe cada uno de los actos, y que es común a todos los héroes que los hombres buscan como modelo y la humanidad como referencia histórica.

Podría decirse que el doctor Alberto Hurtado fue un fabuloso investigador científico, pero quizás hubieron muchísimos mejores cuyo nombre continuará en el anonimato; que fue un brillante profesor universitario, pero tal vez los hubieron mejores; que fue ministro de salud, y quien no lo ha sido; que fue decano de dos Facultades de Medicina y fundador de una de ellas, pero hubieron otros tantos decanos y en la fundación de la nuestra, una multitud lo acompañó en la empresa.

Aisladamente, cada una de las facetas de la obra de don Alberto Hurtado podrían no significar mucho y aun ni siquiera la suma de todas ellas; de no ser por que para hacer todo ello, fue necesario que el joven y exitoso médico, graduado en una de las mas prestigiosas universidades de América, con una trayectoria de investigador ya iniciada en esa universidad, rodeado del afecto de sus profesores y compañeros de estudios, con un promisorio porvenir profesional y económico en un país que iniciaba su historia como uno de los países más poderosos de todos los tiempos; en las postrimerías de la década de los 20, tomara la decisión de regresar y permanecer hasta el último día de su vida en el Perú.

Y no nos referimos del Perú de ahora, este país que en plena época de las supercomputadoras, de la globalización, de la redes de comunicación de velocidad incalculable, aún presenta índices de pobreza y atraso que espantan. Nos referimos a aquel Perú de inicios del siglo 20, con su atraso ancestral, sus marginaciones, las carencias y miserias de su segundo siglo de vida republicana y de una guerra perdida.

LA VERDAD NOS HACE LIBRES
Evang. San Juan
Germán Benito

La vigencia histórica de Alberto Hurtado radica en el mérito de haber asumido misiones históricamente oportunas, renunciando a intereses personales como ese mal entendido éxito personal basado en el prestigio fácil, en la abundancia estéril y en el consumismo improductivo; que son tan valorados en nuestra época. Y es mas, en haber asumido dichos roles con profundo amor por aquellos valores y principios que hacen de la historia de la humanidad una obra monumental.

Esta defensa irrestricta de valores como el amor a la verdad en la investigación, esfuerzo indeclinable en la consecución de los fines y respeto absoluto por la labor científica e intelectual individual y colectiva, teñidas todas ellas por un desinterés por la ambición personal; fueron motivo de innumerables pesares en la vida de Don Alberto Hurtado. Basta mencionar los vejámenes de que fuera objeto, debido a su posición irreducible en la defensa de la independencia de la labor docente y científica en la Facultad de Medicina, que motivara la renuncia masiva de aquellos 400 profesores que prefirieron formar una nueva universidad, antes que ver la investigación y la docencia universitaria sometidas a la dictadura de las ideologías de moda.

Tan igual como Cayetano Heredia en su época, don Alberto Hurtado supo desprenderse de ese egoísmo mediocre de quienes ven en los éxitos ajenos el eclipse de los suyos propios y estimuló y ayudó activamente a numerosos profesores, a formarse científica y académicamente en centros de enseñanza europeos y norteamericanos. Tan genuina era la actitud del doctor Hurtado que al regreso de estos profesores, siempre tenía una posición que ofrecerles en la universidad.

La medicina peruana le debe al doctor Alberto Hurtado entre muchas cosas, haber contribuido al desarrollo de la investigación de la fisiología a grandes altitudes, introducir el método estadístico en la investigación médica en el Perú, haber iniciado el uso de la insulina en pacientes diabéticos en nuestro país, participar en la fundación del Instituto de Biología Andina, crear el Instituto Nacional de Medicina Ocupacional, reorganizar y modernizar la Facultad de Medicina de San Fernando, liderar junto con el doctor Honorio Delgado la creación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, crear el Instituto de Investigaciones de Altura.

No existe en la actualidad hombre alguno que, en el campo de la medicina, peruana, pueda comparar su trayectoria a la del doctor Alberto Hurtado; quien entendiéndose médico en primer lugar, contribuyo desde todos los campos de su quehacer al desarrollo de la medicina científica, dando muestras simultaneas de humildad y grandeza.

Quienes lo conocieron de cerca y quienes no lo hicieron en nuestra promoción, lo recordamos con respeto y reverencia. En los últimos días en los cuales visitaba aún el Instituto de Investigaciones de Altura, aquel hombre que dejó atrás comodidad y fortuna, para contribuir al desarrollo de la medicina peruana y mundial, anciano ya, solía descansar sin pretensión alguna sentado en la puerta de la universidad que el contribuyera a formar.

CEREMONIA DE HOMENAJE AL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL DR. ALBERTO HURTADO

Agradezco en primer lugar a las autoridades de la Facultad de Medicina de nuestra Universidad que merecidamente lleva el nombre de su Primer Decano. ALBERTO HURTADO, el haber invitado a que uno de los miembros de la promoción que con todo orgullo lleva ese nombre, se haga presente en este Homenaje que toda la Comunidad Herediana está llevando a cabo al cumplirse cien años del nacimiento de quien fuera principalísimo en la creación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Mi presentación de alguna manera, culmina el Coloquio que la noche de ayer se llevara a cabo en el Campus Sur, organizado precisamente por nuestra Promoción y que juntó a los Alumnos Fundadores con los actuales estudiantes de esta casa de Estudios en homenaje también al Dr. Alberto Hurtado Abadía.

Difícil me sería, por no decir imposible, abarcar aspectos de la vida del Dr. Hurtado y que con muchísima mas propiedad han tocado ya ilustres personalidades no solo del ambiente universitario Herediano, sino de toda la intelectualidad del país en el transcurso de estos meses. El que yo hablara sobre los aspectos científicos, humano, docente, familiar, etc. de Hurtado, sería un atrevimiento que no me atrevo a realizar.

Me gustaría eso sí, relatar algunos aspectos de la relación entre los Alumnos Fundadores en general y mi promoción, en particular, con el Dr. Hurtado. Recordemos que muchas de estas vivencias se remontan a 40 años o más, por lo que les pido benevolencia para comprender y perdonar omisiones, hipérboles y errores, totalmente involuntarios.

La promoción a la que honro en pertenecer y que como ya se ha recalcado lleva el nombre del Dr. Alberto Hurtado Abadía, es la tercera egresada de Cayetano Heredia (Universidad Peruana de Ciencias Médicas y Biológicas en esa época). La primera promoción, de 24 alumnos y que lleva el nombre de Víctor Alzamora Castro, -Maestro líder en las luchas en San Fernando los años de 1960 y 61, que falleciera el mismo día de la Renuncia y que en mi opinión y la de muchos heredianos, hubiera sido el tercer Rector después de Honorio Delgado y Alberto Hurtado-, cursó esta Promoción en nuestra universidad, el quinto año y el internado solamente. La segunda promoción, que tomó el nombre de Honorio Delgado, tenía solo 10 alumnos, que en su mayoría no provenían de San Fernando.

La tercera promoción era la nuestra, que constaba de 56 alumnos, las dos terceras partes de ellos exalumnos de San Fernando que habíamos cursado en San Marcos nuestros años de Ciencias (Pre-Médicas) y los años de 1960 y 1961 los dos primeros años de Medicina en San Fernando. El tercio restante de la promoción, provenía de otras universidades, tanto del país como del extranjero. Después de los traslados respectivos, iniciamos el tercer año de medicina en Cayetano Heredia en 1962.

Nos tocó pues vivir los dos años de luchas, 1960 y 1961 en nuestros primeros 2 años como estudiantes sanfernandinos, tal como señalara el día de ayer mi compañero Miguel Sánchez Palacios en el Coloquio celebrado en la Casa Honorio Delgado. Para aquellos que no tuvieron la suerte de asistir, debo mencionar la diferencia abismal que existía en esos años entre la altamente politizada y caótica Universidad de San Marcos, donde la beligerancia, intolerancia y la eterna pugna político-partidaria campeaban, habiéndose perdido totalmente el principio de autoridad y la Facultad de Medicina de San Fernando, donde existía un aire de estudio, investigación, respeto y dedicación a la excelencia que marcaba claras diferencias con el resto del Claustro Sanmarquino.

Nuestra promoción había sido víctima, de los conflictos y famosas huelgas estudiantiles que había paralizado el dictado de clases, una de estas había durado tanto tiempo, que los alumnos ingresantes (nosotros) no podíamos estudiar el primer año de Pre-Médicas, recibiendo cursos sin ninguna importancia ni criterio, sirviéndonos ese año mas que nada para que muchos de nosotros se graduaran de excelentes jugadores de billar y futbolín en los centros de juegos que circundaban la famosa e histórica Casona de San Marcos en el Parque Universitario, en esa época los pin-balls eran mas bien cosa extraña.

En cuanto a estudios, los cursos de Ciencias que se dictaban en esos años nos sonaban superficiales, inútiles, casi totalmente teóricos y que ocupaban muy poco del tiempo que se suponía debía dedicarse a la docencia. Más bien la actividad intensa, se centraba en discutir en ardorosas asambleas de año asuntos como la reforma agraria, el imperialismo yanqui, la nacionalización del petróleo (tema álgido en esos días), etc., etc…..

El desgobierno era tal, que en dos o tres oportunidades se programaron asambleas en las horas de dictado del curso de Fisiología, que lo dictaba nada menos que el Decano de Ciencias y a quien al ingresar al salón de clases, se le indicaba que lo sentíamos mucho, que el Año tenía una Asamblea y que no podía haber clases; lo más asombroso era, que el Sr. Decano pedía disculpas y se retiraba.

Esos tres años (con el año perdido mencionado anteriormente) para los dos tercios que ingresamos en 1957 y dos para los que se nos unieron al ingresar el año 1958, crearon en buen número de nosotros una clara sensación de disconformidad y pugna con el resto de alumnos, enfrentándonos a los centros federados y a la misma todopoderosa Federación de Estudiantes de San Marcos (FUSM), liderada desde siempre (al menos desde 1919, fecha de inicio del Movimiento de la Reforma Universitaria de Córdoba-Argentina y que se extendiera rápidamente por toda Latino América), por políticos casi profesionales que hacían de los liderazgos estudiantiles, trampolín para posiciones más expectantes en la vida política nacional.

Como muestra, voy a mencionar que el Presidente de la FUSM al ingresar nosotros a San Marcos, era el recientemente desaparecido Alfonso Barrantes Lingán y el que le siguió en ese cargo, fue Orestes Rodríguez Campos, que llegara a ser Ministro de Trabajo del gobierno de Alan García Pérez y que fuera asesinado por Sendero Luminoso. Activa participación tuvo justamente nuestra promoción, en la renuncia de este último a dicha presidencia, al cuestionarse fuertemente por muchos sanmarquinos (nuestro grupo entre ellos), el rol cumplido por la cúpula dirigencial estudiantil en los bochornosos acontecimientos con motivo de la llegada a Lima en 1959, del Vicepresidente de Estados Unidos Richard Nixon y su pretendido ingreso a San Marcos (con mucha prepotencia, dicho sea de paso) y que diera la vuelta al mundo en los noticieros de esos días.

En Abril de 1960, 300 alumnos, fogueados en los acontecimientos brevemente mencionados tanto por el que habla, como por los expositores en el Coloquio de anoche, nos trasladábamos del histórico local de la Casona de San Marcos al también histórico local de San Fernando donde en lugar de las piletas de los patios sanmarquinos, con la famosa del Patio de Derecho, lugar de baño involuntario de los opositores y donde por lo menos uno de nuestra promoción terminara luego de algún encuentro verbal, nos encontramos con el frío pero imponente bronce de Hipólito Unánue en su patio principal.

El primer día de clases nos recibió el Decano de la Facultad de Medicina, era un famoso doctor, de quien sabíamos que era una de los pocos médicos peruanos con fama internacional, cuya dedicación a la docencia y a la investigación eran a tiempo completo y que mantenía a la Facultad en orden y dedicada a la vida universitaria. Era el Dr. Alberto Hurtado Abadía.

Desde que lo oímos hablar y darnos la bienvenida, supimos que era muy diferente al timorato Decano de Ciencias que acabábamos de dejar en la casona de San Marcos, a él sería imposible decirle que una clase, cualquiera que ella fuera, mucho menos la que él dedicaba, sería cancelada por tener nosotros una Asamblea.

En la primera semana de clases fue notorio que estábamos experimentando un notable cambio, ahora tendríamos que dedicar casi todo nuestro tiempo a estudiar. Los cursos tenían un sillabus, algo que nunca habíamos visto en los años precedentes, no solo eso, sino que este se cumplía inexorablemente, las fechas de los exámenes eran inamovibles, los profesores se esmeraban por cumplir y trataban de hacerlo de la mejor manera posible. Habían profesores a tiempo completo y dedicación exclusiva, algo rarísimo de encontrar o siquiera sospechar su existencia en el resto de facultades de San Marcos.

Pronto aprendimos, que el cambio y las mejoras en la enseñanza médica se habían plasmado y llevado a cabo con el advenimiento del Dr. Hurtado al decanato de Medicina. San Fernando trataba de escapar y mantenerse estéril al viciado entorno del Alma Mater. Es probable que la separación física de los locales, ayudara a los propósitos del profesorado médico que rápidamente había cerrado filas en torno a su Decano y a sus propósitos, ya logrados en ese entonces, de hacer de San Fernando una de las mejores escuelas médicas de Latino América.

Antes de los dos meses, la turbulencia de la discusión de la Ley Universitaria y el artículo 34 que liberaba a las facultades de medicina de la obligatoriedad de aplicar la participación estudiantil de un tercio en todos los estamentos y comisiones de gobierno, creó la controversia y el enfrentamiento entre nosotros. El alumnado del primer año de medicina se vio envuelto en la discusión, la controversia y el enfrentamiento, de lo que surgió la división entre los que apoyaban a la dirigencia estudiantil y los que apoyábamos la posición del profesorado liderado por Hurtado. Al inicio nuestra posición era compartida por la mayoría del año, número que fue disminuyendo gradualmente al llevarse la confrontación verbal al amedrentamiento, la coerción y la agresión física.

Antes de finalizar el mes de mayo, estábamos ya en una situación de huelga universitaria nacional al apoyar la Federación de Estudiantes del Perú (FEP) a la posición estudiantil del Centro de Estudiantes de Medicina (CEM) de San Fernando y de la FUSM. A esta radical medida de fuerza, las autoridades de Medicina respondieron con el receso de la Facultad, lo que llevó a una para obligada de dos meses aproximadamente. El impase se “solucionó” al retornar la Ley al parlamento para su auténtica interpretación. Transcurrió así nuestro primer año (1960) con enfrentamientos periódicos y con la pérdida de las vacaciones para subsanar el tiempo perdido.

El año siguiente, 1961, (recordemos que eran los tiempos de la Convivencia entre el presidente Prado y el Apra), un nuevo Rector había sido elegido en San Marcos con el apoyo del tercio estudiantil, político profesional, que “podía conseguir” en el parlamento un dictamen favorable para ellos. Dicho personaje, el Dr. Luis Alberto Sánchez volcó toda su experiencia, influencia y cundería política para conseguir su propósito, lo que se logró además, por que nuevamente, como elemento de presión, los estudiantes de todo el Perú habían entrado en huelga.

Para estos nuevos enfrentamientos entre la mayoritaria posición estudiantil y nuestro grupo, el número de alumnos que apoyaban la posición del Decanato de Medicina había disminuido y éramos fuertes básicamente en el sexto año (próximos a concluir ya sus estudios médicos) ) y en segundo (nuestro año). En el contingente de primero, que recién había ingresado a Medicina, había también un grupo que nos apoyaba. En el tercer, cuarto y quinto años de medicina el apoyo era mínimo, lo que explica el poco número de alumnos que pidieran traslado a Cayetano Heredia en 1962. Para este nuestro segundo año, las asambleas de la promoción eran tan importantes, dada nuestra ferviente posición de respaldo al Dr. Hurtado y su Cuerpo Docente, que casi siempre se hacían presentes los máximos dirigentes tanto de San Fernando como de San Marcos, para de alguna manera influenciar en el resultado de las votaciones.

Sancionada la Ley Universitaria en contra de la posición del Cuerpo de Docente de San Fernando, liderada por Hurtado y Honorio Delgado que ese año había sido elegido Decano, se produce la Renuncia masiva de los profesores y después de unos meses se reinician las clases en San Fernando con nuevos docentes. El Cisma se había consumado.

Nosotros terminamos nuestro segundo año de medicina en situación difícil, pues era público y notorio que ante la determinación de los Drs. Hurtado, Delgado y su plantel docente, de continuar en la enseñanza médica en otra institución fundada bajo los principios de una auténtica pedagogía, exenta de influencias políticas, el grupo nuestro los seguiría y esa posición de respaldo y solidaridad de alumnos dispuestos a seguirlos, así como la participación por propia iniciativa estudiantil, de intervenir en el programa televisivo Scala Regala para recaudar fondos para la proyectada nueva universidad, con un éxito insospechado; creo que fueron determinantes en hacer todos los esfuerzos necesarios para la fundación de la Universidad de Ciencias Médicas y Biológicas, que inició las clases en mayo de 1962. Cayetano Heredia estaba en marcha.

Los avances de los años aurorales de nuestra Universidad, ya detallados en publicaciones y en el Coloquio de anoche, me llevarían mas tiempo del que se me ha indicado y del que ya estoy abusando con largueza, por lo que terminaré diciendo, que la impronta de Hurtado en los Alumnos Fundadores y sobretodo en la promoción que lleva su nombre fue gravitante e importantísima.

Tuve la suerte de tratar mas estrechamente al Dr. Hurtado, al ser elegido Presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina Cayetano Heredia (AEMCH) y ser incorporado al Consejo Universitario como representante estudiantil y mi admiración y respeto crecieron más, cuanto más lo trataba. En sus últimos años pasé por la dolorosa situación de atenderlo médicamente, pero disfrutar, después de la consulta en su domicilio a eso de las 7 de la noche, junto con su familia, de un pisco sauer y unas galletas con queso como solo la Sra. Lily sabía preparar.

Me lamento ahora, que nunca le dije a él, lo agradecido que estábamos todos, con la manera como había cumplido largamente con su misión en la vida.

J. Eduardo Barriga Calle
Alumno Fundador
IIIa Promoción 1965 “Alberto Hurtado”
Lima, 29 de agosto del año 2001