Peruvian American Endowment 
Established October 14, 1989

DR. ENRIQUE FERNANDEZ ENRIQUEZ

“… Desde el punto de vista personal diré que la Universidad me ha dado todo. Porque no hay cosa más bonita en la vida que hacer lo que a uno le dé la gana. Nunca he hecho algo por obligación, sino porque me dió la gana de hacerlo…”

Enrique Fernández Enríquez

DR. ENRIQUE FERNANDEZ ENRIQUEZ
Arequipa 03/08/1922 – Lima 20/06/2002

Conocí a Enrique Fernández cuando éramos estudiantes en San Fernando, me llevaba cuatro años de adelanto en los estudios, pero la defensa de ideales universitarios compartidos nos acercó en los años cincuenta. Después, cuando se creó la Universidad Peruana Cayetano Heredia nació nuestra amistad en el quehacer universitario haciendo realidad nuestros ideales.
Arequipeño él y yo limeño, descubrimos nuestra común ascendencia puneña y nuestro parentesco. Estudió la primaria y la secundaria, en su tierra natal, en varios colegios; era, según parece un estudiante travieso, pero estudioso y obtuvo una muy buena formación en los buenos colegios de esa época. Viajó a Lima a seguir sus estudios universitarios –en las Facultades de Ciencias y de Medicina en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, terminó los nueve años de estudios en 1948 y se recibió de bachiller en Medicina y de médico-cirujano al año siguiente.
Comenzó su carrera docente muy joven en San Marcos, fue sucesivamente ayudante de prácticas, instructor, profesor auxiliar y profesor asociado entre 1944 y 1960. Los temas docentes que desarrrolló en ese periodo fueron los relacionados con la anatomía, la fisiología y la neuropatología. Al crearse la Universidad Peruana Cayetano Heredia, asciende por concurso a Profesor Principal de Fisiología en 1962……pero esta es una fria enumeración que no dice mucho de sus cualidades como profesor; querido por sus estudiantes por sus cualidades humanas, por su sapiencia y por su enorme capacidad para “enseñar-haciendo”, en el laboratorio. Hombre de Cultura integral trasmitía en sus clases no solo el conocimiento actual sino que lo acompañaba del trasfondo histórico del tema tratado.
El reconocimiento de sus exalumnos se manifestó en el Congreso de Medicina, organizado por la Asociación de Exalumnos de la UPCH en Estados Unidos en 1991, en la ciudad de Miami. Lo hicieron epónimo del Congreso y le rindieron merecido homenaje; y tuvieron la gentileza de invitarme a decir unas palabras en honor del amigo y compañero de trabajo….
Pero regresemos a mediados del siglo veinte cuando Enrique había terminado sus estudios de Medicina. El mismo nos cuenta: “Al año siguiente de graduarme, después de una permanencia en Iquitos como médico de un barco mercante, gracias al Profesor Carlos Monge Medrano viajé a Basilea, Suiza, para estar seis meses en los laboratorios que dirigía el Profesor Ernest Rothlin en la entonces Sandoz A.G. ….. me quedé cinco años”…. A su regreso al país, trabaja por un tiempo en el Hospital Obrero de Lima, y posteriormente es nombrado profesor auxiliar a dedicación exclusiva de Fisiología en San Fernando. Señala Fernández: “sin falsa modestia, cambié la orientación de la enseñanza, en especial lo concerniente a los trabajos prácticos, hecho que motivó la resistencia pasiva y activa de los miembros de la cátedra”……Esta cita nos habla de la personalidad del hombre, siempre claro y honesto; enérgico cuando era necesario y reconocedor de sus aciertos y de sus errores sin reticencias.
La Rockefeller Foundation, le otorga una beca como “visiting lecturer” y participa en la organización y en la docencia del laboratorio de Fisiología que estaba implementando el Prof. Herman Rahn. Esta experiencia le serviría después para organizar varios departamentos de Fisiología a lo largo y ancho de nuestro país.
Fernández fue un “fisiólogo-farmacólogo” sus investigaciones –realizadas en Suiza y en nuestro país versan sobre fisiología del sistema nervioso vegetativo, circulación broquial, shock experimental entre otros temas científicos. Como docente escribió Manuales de Neuroanatomía y de Laboratorio de Fisiología (siempre revisado y siempre al día) que sirvieron en San Fernando y en las Universidades Nacionales de Arequipa, San Luis Gonzaga de Ica, Técnica de Cajamarca y en la Universidad de Coro, en Venezuela, en cuyas Facultades de Medicina organizó y puso en marcha los Laboratorios de Fisiología.
Enrique Fernández, fue uno de los renunciantes a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cuando se produjo la crisis universitaria de 1960. Fundador de la Universidad Peruana de Ciencias Médicas y Biológicas (hoy Universidad Peruana Cayetano Heredia). Fue uno de esos profesores jóvenes que lo dejaron todo por sus ideales, y que persistieron hasta nuestros días. (Los heredianos alabamos con justicia a Don Honorio Delgado y a Don Alberto Hurtado que fueron adalides del movimiento de Renovación Universitaria, pero olvidamos muchas veces, sin justicia, a los cuatrocientos profesores que los siguieron e hicieron realidad los ideales compartidos). Enrique fue el segundo Secretario General de la nueva Universidad, al fallecer el Dr. Ernesto Ego Aguirre. Fue miembro importante de la Comisión Organizadora, y tuvo a su cargo la puesta en marcha lo que después sería la Facultad de Ciencias y Filosofía. En esa etapa comenzó nuestra amistad, y aprendí de él, y de Ramiro Castro de la Mata a crear un laboratorio de la nada. Don Vicente Zapata, Enrique y Ramiro, forjaron el Departamento de Ciencias Fisiológicas, en el que yo fui profesor de Bioquímica.
Formó parte importante del grupo de profesores y alumnos, que después de meses de estudio publicaron las Bases de la Renovación Universitaria, en las que se expusieron los ideales que nos movían y se proponía una nueva estructura para nuestra Universidad. Una de las consecuencias de este documento, que se propuso a la Asamblea Universitaria, fue la puesta en marcha de la Facultad de Ciencias y Humanidades (1967) de la que fue su segundo Decano (1969). Luego volvió a ocupar el cargo de Secretario General, y fue Vicerrector y después Rector interino (de 1972 a 1976).
Fue Rector en una época difícil, desde los puntos de vista político, social y económico. Supo cumplir y salvar a la Universidad, pero no fue comprendido por algunos profesores (una minoría selecta) a los que respondió con altura. Al cumplir los 70 años, se jubiló y fue nombrado Profesor Emérito y Profesor Extraordinario con el cargo de Jefe de la Cátedra de Historia de la Ciencia y la Medicina hasta hace pocos días.
Pero Fernández fue mucho mas: Hombre de gran erudición, tenía una biblioteca-hemeroteca envidiable, en los que competían los libros de ciencias con los de historia, arte y filosofía; tenía libros antiguos: que mostraba con cariño a sus visitantes, en particular algunos incunables recuperados de las bibliotecas de sus antepasados. Era bibliófilo y también “archivero”, entre sus papeles estoy seguro que se podrá encontrar mucho de la historia de nuestra universidad. Dueño de una colección importante de ceramios de nuestras culturas prehispánicas y algunas piezas de oro que donó en vida anuestra universidad. El Prof. P.P. Cohen, que nos visitó hace algunos años quedó abrumado con los conocimientos de Fernández al que calificó de Scholar. Y lo era: sabía de historia (de la nuestra y de la universal), de arte, de geografía (no solo la peruana, que había recorrido de extremo a extremo, sino de la mundial…………… había dado la vuelta al mundo, con nuestro mutuo pariente Fernando Belón, visitando los lugares claves en la historia de la cultura humana.

En la vida de los hombres se presentan situaciones anecdóticas que pueden ser intrascendentes o por el contrario trasuntar algún rasgo fundamental de la persona. Hay muchísimas anécdotas en la vida de Enrique Fernández, relato dos que nos hablan de su personalidad.
La primera, se desarolla en un teatro principal de una ciudad del norte del país, en el que se encuentran reunidos los Rectores del Consejo Nacional de la Universidad Peruana, ocupan el proscenio y entre ellos, de cara al público se encuentra el Dr. Fernández, rector interino de nuestra universidad; en un momento dado un grupo de estudiantes irrumpe por el foro con consignas gritadas contra las autoridades y con violencia exigen la salida de “rectores inmorales”. Se crea gran desconcierto y los rectores salen abucheados hacia la platea y a la calle……menos Enrique Fernández que permanece en el proscenio. Se le acerca un estudiante insolente y le grita: salga. Enrique lo mira y le responde sin levantar la voz: “ustedes han ordenado a gritos que salgan los “rectores inmorales y yo, jovencito, no soy inmoral”. Desconcierto ahora de los estudiantes, la sala iba quedando vacía y Fernández no se movía. Por fin cortesmente le pidieron disculpas y nuestro Rector se puso de pié y les dijo: salgo por donde entré y salió por el foro. Enrique tenía muy en alto la importancia del respeto a su honra. La segunda, tiene que ver también con el CONUP. Enrique presidía una comisión del Consejo que visitaba una universidad del Sur para estudiar una situación grave que era motivo de una huelga estudiantil. Enrique, que tenía ropa adecuada para cada situación fue vestido de “Ranger”…. (¿huelga? Ranger) ingresó con los miembros de la comisión a las oficinas del rectorado con los bolsillos llenos y un bidón de agua. El Rector los recibió sorprendido y, sin comentarios, pero molesto los hizo pasar a una sala vecina donde estaba la información que debían analizar. A los pocos minutos los estudiantes huelguistas invadieron el rectorado y los retuvieron como rehenes. Los miembros de la comisión se desconcertaron cuando Enrique principió a sacar de los bolsillos caramelos, chocolates, un abridor de latas, latitas de conservas de atún, sobrecitos con antiácidos….. y un envase plano lleno de whisky. Y les dijo: “no sabemos cuantos días vamos a estar aquí. Tenemos agua, carbohidratos y el atún, el antiácido nos ayudará cuando el hambre apriete, todo debe ser racionado. ¿El whisky? es para mi”. Y comenzaron a trabajar. Los estudiantes preocupados al dia siguiente intentaron comunicarse con la comisión: ¿necesitan agua? Fernández a través de la puerta les contestó: “Jóvenes dejen trabajar. Al tercer día los estudiantes se rindieron y les ordenaron salir. Enrique respondió: “Por favor dejen trabajar, ya estamos acabando”. Enrique estaba siempre preparado para encarar cualquier situación. Recordamos su actuación en los azarosos días que siguieron al terremoto de 1970, nuestra universidad entró en emergencia en apoyo a los danmificados del norte del país bajo el comando de Enrique Fernández; la universidad no detuvo su vida académica, y los estudiantes (externos e internos de la Facultad de Medicina) viajaban a las zonas de desastre en acción coordinada con el Ministerio de Salud, y con las Fuerzas Armadas que proveían de medicamentos, carpas, helicópteros para el transporte de los internos, carpas, etc, etc., . Los estudiantes de años inferiores de medicina y las otras facultades cooperaban en las Cruz Roja en la preparación de elementos de auxilio y en el transporte a las zonas del sismo. No hubo estudiantes que llevados por su espíritu de colaboración viajarán a las zonas de desastre, de manera descoordinada y que en vez de ayudar entorpecían las acciones de recuperación, como ocurrió en muchos casos. Este es un capítulo interesante de la historia no escrita aún de nuestra Universidad (que se dedicó a hacer historia, pero no a escribirla). Otro capítulo de nuestra vida fue el de la organización de los exámenes de ingreso, en los que Fernández tuvo también un papel destacado.

Por sus méritos fue elegido Miembro Asociado de la Academia Nacional de Medicina en 1965 y promovido a Académico de Número en 1969. Participó activamente en la vida institucional y fue elegido Presidente en el periodo 1994 y 1995), recibió las Palmas Magisteriales en el Grado de Amauta (1994) y Medalla al Mérito del Colegio Médico del Perú, la condecoración, en Grado de Gran Oficial, de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, entre otras distinciones importantes.
Se fue el Profesor Enrique Fernández, el amigo, con quien compartí gran parte de la vida personal y académica, y en los últimos años con Rosita, su esposa, volvimos a acercarnos nuevamente en la Academia y en la vida familiar.

F.Alberto Cazorla T.
Profesor Emérito

Con profunda consternación, les comunico que nuestro muy querido, recordado y respetado profesor el Dr. Enrique Fernández ha fallecido de un infarto cardíaco  el día Jueves 20. Hoy viernes 21 a las 10 de la mañana fue el velatorio en la Casa Honorio Delgado en Miraflores, lugar de donde sus restos fueron trasladados a los Jardines de la Paz. Como muchos de ustedes tal vez lo saben,  he cultivado una gran amistad con Enrique durante mas de 30 años, razón por la cual les ofrezco en un muy corto plazo enviarles una reseña histórica de lo que dicha amistad significó para mí, así como de aspectos de su vida y algunos de los rasgos mas fascinantes de su personalidad.

Jaime Arias Congrains

Junio 2002

Realmente es una pérdida muy sentida por todos los Heredianos. Creo que este hombre dedicado exclusivamente a la enseñanza siempre se hizo presente en sus discípulos.

En la oportunidad que lo tuvimos en la Florida, hace algunos años nos presento diapositivas de muchas generaciones de ex-alumnos, mi promoción (Clase del 68) tuvo el privilegio de llamar su atención y muchas de las que nos mostró nos pertenecían. En un viaje posterior a Lima tuve la suerte que me prestara todas ellas y pude sacarles copias.

Que en paz descanse y de Dios goce.

Julio Lara-Valle, MD
Presidente
Peruvian American Endowment

RECUERDOS DE LA INCREÍBLE VIDA DEL

DR. ENRIQUE FERNÁNDEZ ENRÍQUEZ

Por el Dr Jaime Arias Congrains

 

Tal vez uno de los recuerdos más lejanos, es de aquel doctor de baja estatura y casi totalmente calvo, con su bata de laboratorio larga y con bividí blanco, que daba órdenes con un megáfono a los postulantes a la U.P.C.H, en aquellos años finales de los sesentas.
Otro recuerdo de la misma época es de una la madrugada, al final de la fiesta de la primavera, en que estábamos los ingresantes a la universidad de ese año, en una tranca de órdago, cantando en el micrófono a todo pulmón, y no había quien nos parara, entonces se acerca el personaje que estamos evocando, con cara de malas pulgas, se sube al estrado donde estábamos toda la mancha, nos quitó el micrófono, nos miró con mirada penetrante y se puso a cantar: adolorido, adolorido del corazón, por una ingrata, por una ingrata, que me ha robado el corazón, total le hicimos coro y cuando acabó la canción, nos dijo que ya la celebración había terminado, que ya tenían que cerrar el local de la universidad por ser altas horas de la madrugada y que por consiguiente teníamos que irnos y nos fuimos pues. ¡Que buena la hiciste, Enrique! ¡que buena la hiciste!.
Cuando la Universidad le rindió un homenaje de despedida, con el auditorio Hernán Torres totalmente lleno, tuve la oportunidad de leer un discurso que le había escrito, como un homenaje que le hacía en representación de sus amigos y alumnos. En el discurso además de contar algunas anécdotas que habían iluminado nuestra amistad, lo había enriquecido con otras provenientes de sus innumerables amigos, para lo cual me había pasado tres semanas cosechándolas, en lo que consideré uno de los trabajos de campo mas entretenidos de mi vida.
El Dr. Raúl Ishiyama me contó, que en la época de la comisión de ingreso en los albores de la universidad, luego de trabajar todo el día, Enrique se dirigía al resto de profesores miembros de la comisión, y les decía que como estaban cansados y estresados, el disponía que por cuenta de la comisión, fueran todos al Club Nocturno Pigalle para ver a las bailarinas y relajarse. La verdad me confesó Raúl, fue que todos se relajaban, aunque claro estuvo que el asunto no pasó de una coca cola chica por persona.
El Dr. Carcelén me contó otra anécdota muy buena. Contó que Enrique luego de dirigir todo el examen de ingreso, hacía que los miembros de la Comisión, llevasen sobre sus hombros los paquetes con los exámenes, caminando en fila india al lugar donde eran guardados con gran celo, hasta que en una de esas el Dr, Montalbetti había comentado que eso era un safari al revés, ya que eran los blancos los que le llevaban la cargas al negro, lo que hizo que todos se destornillaran de risa.
En la época de mis primeros encuentros con Enrique, yo no le caía simpático, pero sentía que me miraba con cierta sorpresa. Luego de algunos meses, nuestra promoción escenificó una obra de teatro que había escrito titulada: “Dos Actos para gente snob”, y que hasta donde recuerdo el Dr. José Calderón fue quien dibujó la propaganda de la obra en una cartulina con la forma de una silueta de una mujer en bikini. En esa obra tuvieron los roles principales la Dra. Sarah María Vega y el Dr. Aldo Rondinel. La obra por supuesto era algo descarrilada y asistieron a verla una cantidad no numerosa de personas de la universidad y familiares. Terminada la obra y luego de los aplausos y felicitaciones de rigor, se me acerca Enrique y me dice abrazándome: que ahora si que me entiende, que siempre sería mi amigo, que pase lo que pase siempre me iba ayudar todo lo que fuera posible, proféticas palabras, que demás esta decir las cumplió a cabalidad.
Al día siguiente de la obra Enrique me pidió que le obsequiase una de las dos siluetas – propagandas de la obra, que eran psicodélicas en su apreciar. Cosa que hice, y el feliz con que le hubiese obsequiado la silueta.
Algo que impresionaba mucho del Dr. Enrique Fernández, era su gran capacidad didáctica, en la clase introductoria de su curso de Fisiología Humana, nos dijo que el no iba a hablar de la importancia de la fisiología, ya que según su leal saber y entender si proyectábamos comprender la vida como médicos, de todas maneras algún día tendríamos que conocerla.
No podremos olvidarnos nunca tampoco de aquella clase en la cual se hizo traer una papa de donde Pinedo, y con un cuchillo y palos de fósforos nos fue ilustrando acerca de los núcleos del tálamo.
En otra oportunidad, durante su curso de Fisiología, en un seminario donde me valí de 3 focos con sus zóquetes, un triplay, interruptores, conmutadores y un dimmer, para hacer una maqueta, con la cual ilustré la neurofisiología del sueño, al terminar mi exposición Enrique se acercó y me dijo que era un loco, que era increíble lo que había hecho y allí nomás me comprometió para terminar un modelo a escala de 2 metros de altura con cortes en acrílico del tronco cerebral y la médula que ya había empezado a fabricar el Dr Ernesto Freyre, total lo terminé y lo estrenamos en una conferencia que dio en el Auditorio de la Municipalidad de Miraflores. Dicho modelo, todavía existe esperando ser perfeccionado y expuesto a los heredianos.
Como habrá sido Enrique de espiritual, que creemos que ha sido al único profesor de la Universidad que era capaz de viajar en combi y ser rector al mismo tiempo.
Dijo que nunca ejerció la medicina porque el no tenía la vocación de apóstol.
También recordó que cuando estuvo perfeccionándose en Europa, luego de unos años se dio cuenta que el premio Nóbel no iba a ser nunca para él, por lo que además de continuar con sus investigaciones decidió dedicarse a la docencia; ya que los apóstoles verdaderos se aburren en los templos, lo suyo es enseñar lo que saben y nadie como Enrique para promover la utilidad del método científico y para deslumbrarse y deslumbrarnos con la fisiología .
Creo que todos recordamos las interminables caminatas del Dr. Enrique Fernández conversando con el Dr. Ramiro Castro de la Mata, cada uno con su bata blanca, el uno bajo y calvo y el otro alto lleno de pelos y barba. Lo que originó que fueran objeto de una parodia en la velada de primavera, uno de los actores creo que fue el Dr. Edmundo Stahl, total todos nos matamos de la risa de la parodia y Enrique junto con Ramiro emocionadísimos subieron al estrado a felicitar de todo corazón a los actores.
Muchos años después le pregunté a Ramiro acerca de cuales eran los temas de esas innumerables conversaciones, y el me dijo: mira, hablábamos de todo excepto tonterías.
Del Dr. Fernández fue también la original idea de poner una pizarrita en cada puerta de los retretes del baño de hombres del nuevo local de la universidad. Desafortunadamente el sistema no duró mucho, pero disminuyó significativamente las inscripciones obscenas en el baño por un buen tiempo.
El no tenía carro pero si una gran habilidad para convencer al amigo de turno que lo llevase al Correo Central en el centro de Lima para que pueda comprar unas emisiones de primer día de estampillas.
Aunque en el calendario de la amistad no cuentan los años, nunca percibí que lo afectara el trancurrir del tiempo, tal vez solo le noté un aumento en la sencillez con que asumía la vida,
Enrique tenía una personalidad con innumerables facetas, siempre que creía que ya lo conocía bastante bien, me mostraba algún rasgo sorprendente con el mismo entusiasmo con el que un niño va sacando los juguetes que tiene guardados
Ya bastante entrado en años fue capaz de sorprender incluso a la sacrosanta Academia Nacional de Medicina, al aparecerse en una reunión de la misma, de lo más orondo, con su esposa, la muy dulce Sra. Rosa Oviedo, sí, el mismo Enrique que se pasaba la vida diciendo que uno de sus pasatiempos favoritos era ser testigo de divorcios, ahora se lucía presentando a su esposa. El Dr. Garrido Lecca con un fino humor le dio el pésame a la Sra Fernández en dicha ocasión
Enterado del asunto, no pude contener mi curiosidad acerca de los motivos por el cual había cambiado de parecer respecto al matrimonio, a lo que me confesó que el ya había logrado todo lo que quería en la vida y que a la edad que tenía ya no había ningún daño que le pudiese hacer una mujer. Yo le repliqué que esa era una explicación conciente, pero que la inconsciente era que como era una gran humanista y hombre de ciencia, que ya había conocido de todo en su vida, deseaba consolidar sus conocimientos indagando acerca de lo que es vivir todo el tiempo con una mujer, y él me dijo que de manera personal no aceptaba mi interpretación, pero que sin duda alguna tenía que reconocer que era lo suficientemente retorcida como para que sea posiblemente cierta.
Llegué a decirle que la imagen que yo tenía de él respecto a su actitud ante el matrimonio era tan clara, que durante nuestros 30 y tantos años de conversaciones, por respeto a nuestra amistad jamás le había hablado de mujeres, y el me replicó (como conocedor de mi atribulada vida marital) que por coincidencia el también por respeto nunca me había hablado de mujeres.
En una oportunidad lo vi saliendo de la universidad y le pregunté a donde se dirigía y me dijo que iba a dar una conferencia sobre salud pública, y ante mi sorpresa respecto a que el fuera competente en el tema, me replicó mi querido Jaime, un pucho prendido en la oscuridad alumbra.
A fines de los 90, un gran amigo nuestro el Dr. Luis León Herrera publicó en el Suplemento Dominical del diario El Comercio, un artículo titulado: “Bosquejos y pinceladas de Arequipa” y en un párrafo del mismo dice lo siguiente:
—Repárese, como todos los arequipeños son malhumorados, altivos, orgullosos, soberbios, inteligentes, religiosos, hispanistas, liberales, caballerosos, revolucionarios, ingeniosos, pesados y despectivos (condiciones todas éstas que los hacen ser muy diferentes a los demás habitantes de la república, por lo cual son tanto envidiados como detestados). Entronízanse todas estas prendas o defectos si se quiere, en mi amigo y deudo el notable ex rector de la muy ínclita y particular Universidad Cayetano Heredia, brillante catedrático principal y acucioso fisiólogo, el señor doctor don Enrique Fernández Enríquez, mejor conocido en el ambiente arequipeniense como en el límense como “El negro Fernández” con pinta de cholo y alma de blanco…
Al día siguiente de publicado el artículo me encontré con Enrique y le pregunté si no iba a mandar una carta al periódico demandando una rectificación, y el me respondió que para qué si lo que había escrito era la pura verdad.
Volviendo a la ceremonia de homenaje, Enrique me manifestó que antes de que yo empezara a leer mi discurso, estaba preocupadísimo pensando acerca de que cosa irá a leer este loco. Bueno, cuando terminé de leer el mismo con estas frases: …que el Enrique mas fascinante no podía ser descrito con palabras, ya que lo que verdaderamente vale del espíritu es invisible a los ojos y solo germina lentamente en el huerto del corazón del amigo…, el auditorio se vino abajo en aplausos y Enrique vino a darme un abrazo delante de todo el mundo, muy emocionado.
Recientemente el Dr. Guillermo Whitembury, gran amigo de Enrique me hizo llegar un par de anécdotas, las cuales se las trascribo a cotinuación:
.. cuenta que una vez se encontró con Enrique en el centro de Lima, recién llegado de la tierra del sol naciente, y le preguntó: “Enrique, que haces asi tan ocupado y de tiendas”?. a lo que Enrique le respondió: “Willo, estoy comprando los encargos que me hicieron para el Japon, que creo encuentro más baratos y con menos alboroto aqui en el centro que en Tokio”…
…nunca olvidaré la despedida de Enrique antes de las navidades, cuando iba a tomar el barco Julius Cessare en el Callao para venir a Venezuela, Enrique venia con atuendo de explorador y en una bomba tal que no lo
dejaban subir al barco. Solo la intersección del suscrito, del Dr. Carlos Monge y de César Torres logró que le permitieran subir. Nos acabamos el vino spumanti Asti que quedaba en el barco. Al final de nuestra libaciones, el Dr Monge y Dr. Torres condujeron a Enrique a buen destino…
Termino la reseña con una pasión compartida con Enrique por mas de 25 años. A mediados de los setenta equipado con un cuaderno de dibujo y lápices de colores había comenzado a ordenar la genealogía de los dioses griegos, y aunque ya estaba bastante avanzado, no eran mis resultados nada presentables por la cantidad de correcciones que tenía, sin embargo cuando Enrique lo vio se emocionó a tal grado que no se calmó hasta que le hice llegar fotocopias a colores de todas las páginas. Muchos años después, a fines del 93 cuando desarrolló la cátedra de Historia de la Ciencias y de la Medicina me invitó a dar una Conferencia que titulé: “De Jasón a Edipo: La psicología de los mitos griegos”. A la misma asistieron la crema y nata de los humanistas de la Universidad y cuando les proyecté las dos transparencias en que mostraba el orden subyacente a la genealogía de Jasón y Edipo, todos se quedaron admirando la profusión de datos de las mismas y el esfuerzo implícito en el orden que mostraba, al extremo que ni me querían oír hablar, Enrique por supuesto se mostraba feliz de la exposición. Por cosas de la vida, hace unas semanas ya dotado de mayores recursos tecnológicos empecé a perfeccionar el árbol genealógico de Edipo en formato tridimensional y todo el tiempo que lo iba haciendo pensaba en Enrique, en el gusto que se iba a dar cuando se lo enseñara. Total el destino frustró mis anhelos, pero igual pongo a dicho árbol como archivo adjunto a esta evocación y en formato word: Edipo.doc para que los lectores lo disfruten al leerlo tanto como yo al hacerlo y que de alguna manera entre todos, podamos reconstruir en el recuerdo al Enrique y así sentir que todavía sigue con nosotros, transmitiéndonos su inagotable amor por la vida.

Jaime Arias Congrains

Raquelita Zegarra me escribe:
Queridisimo Loco, Jaimito del alma:
Me has enternecido hasta los mocos. que linda y justa la semblanza que le has hecho a ese negro que ha tenido el tupé de largarse, así sin más ni más.
Gracias por promover tanta nostalgia, me hace bien
Un beso enorme!
Raquel
Y en la tercera el Luchito Parodi:
Estimado Jaimito:
Gracias por ponernos al tanto de lo ocurrido y también por tu relato. Esto me hace valorar lo que me he perdido por tanto tiempo de estar lejos.
Hace unos años … me encontré con Enrique … me invitó a que fuera a su casa a conversar un rato. Al llegar a su casa (se acababa de mudar creo) encontré que tenia cerros de papeles y libros por toda la casa. Me dijo que estaba arreglando. Tenia muchas cosas de valor, ojalá que alguien las rescate y las haga accesibles a todos los que las apreciarían.
En todo ese desmadre de alguna manera encontró una botella de buen pisco y conversamos. Su gran corazón era la base de toda esa personalidad.
Un abrazo,
Lucho
.
Sobre lo mismo el “Clyde” Franklin Reyes me escribe agradeciendo la reseña de Enrique y recordando la época de grandes libaciones de cerveza con el “bussing” en el Bavaria de Miraflores (comó será mi vida de zanahoria que no sé si todavía existe).

Lo que sigue viene de la Voz del Cachimbo 138:

“También me escribió Jorge “Pompo” Guerra, agradeciendome igualmente y recordando la última vez que se vaciló conversando con él hace 4 años.

Me leí con sumo interés una publicación hecha por el Dr. Oscar Pamo acerca de una entrevista realizada en el año 1995 al Dr. Porturas, Dr. Fernández, Dr. Vidal, Dr. Chiappo, Dr. Monge Dr Guerra, Dr. Zapata Ortiz, Dr. Beltrán , bueno pues en ella se destila la ética humanista que inspiró a los fundadores de la UPCH, al extremo que ya logré la autorización del Dr. Pamo para poner en la Web de Humanidades versiones digitales del libro,

Respuestas del Dr. Fernández:
… Recuerdo que tuvimos que tomar el examen de ingreso para las 60 vacantes que se dieron. Quien estuvo a la cabeza de ello fue Mariano Querol. Fue un trabajo muy duro ya que por primera vez se hacía algo serio y no como había sucedido en los exámenes de San Marcos, donde podía ocurrir cualquier cosa con respecto de los postulantes debido a las influencias. Tuvimos muchas dificultades técnicas para la impresión de las pruebas psicológicas, trabajábamos hasta muy tarde en la noche o hasta la madrugada. Así tomamos el examen de admisión y salió la nómina de los 60 ingresantes. Y, en las reuniones del Comité Organizador, se nos dijo que fue un éxito, pero que algunas personas tenían que ingresar, especialmente uno de los hijos de un prominente miembro del Patronato que había ocupado el puesto 114, si mal no recuerdo. Fuimos a Consejo, se dieron los argumentos en pro y en contra, y se fue a la votación en donde perdimos por un voto. Llegó tarde el Dr. Manuel González del Riego, quien siempre llegaba tarde, y enterado del caso votó a nuestro a favor. Conseguido el empate el Dr. Hurtado, quien presidía la sesión, luego de haberse fumado dos cigarros, hizo use de su voto dirimente y nos volvieron a ganar por un voto. Salimos consternados, recuerdo a Javier Mariátegui entre otros, pensábamos en renunciar, no sabíamos qué hacer. Al día siguiente, el 1° de mayo de 1962, fui a la Universidad a hacer el acta del examen de ingreso y me encontré con don Ovidio García Rosell, quien no había estado en la sesión del día anterior. Dijo que ya había comunicado que no intervendría en la nueva universidad pues pensaba retirarse pero que ayudaría en su formación. Enterado del asunto, el Dr. Ovidio García Rosell prometió que hablaría con Hurtado.
Esa noche fue convocada una sesión para el día siguiente. Así se hizo, el Dr. Hurtado presentó la reconsideración del acuerdo anterior. Esta vez faltaron siete a ocho de los que votaron a favor de la aceptación del estudiante. Ganamos la votación y recuperamos la confianza. Años más tarde, cuando Chiappo se encontraba con la Beca Eisenhower visitando algunas universidades norteamericanas, fue abordado por el joven que no ingresó, quien había estudiado Economía con éxito. Este joven presentó a los alumnos a Chiappo como el vicerrector de la universidad a la cual él no pudo ingresar a estudiar Medicina siendo su padre miembro del Patronato…
… En otra ocasión, se vino la devaluación y yo necesitaba 16 millones de soles para la Universidad. Hablamos con Carlos Delgado, que era profesor de Sociología de la UPCH, y me pidió un memorándum. Así lo hicimos y nos consiguió una cita con el ministro Carpio a los pocos días. En ese lapso subimos el pedido a 32 millones. Fui con Carrillo porque Vidal se encontraba en Brasil, y fuimos bien recibidos. Me causó risa, de alegría, que nuestro memorándum se convirtiera en Resolución Suprema…

… Desde el punto de vista personal diré que la Universidad me ha dado todo. Porque no hay cosa más bonita en la vida que hacer lo que a uno le dé la gana. Nunca he hecho algo por obligación, sino porque me dio la gana de hacerlo…”